Hacia una atención médica a distancia
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Aunque alguna vez fue ciencia ficción, hoy en día se busca sustituir con nuevas tecnologías la presencia del médico
En un laboratorio de la Universidad Nacional del Centro, en Olavarría, un equipo de bioingenieros y médicos controla a diario el estado de salud de unos sesenta pacientes con diabetes, hipertensión arterial y obesidad. La experiencia no tendría nada de novedoso de no ser por el hecho de que unos y otros rara vez se ven cara a cara. Ni falta que hace: todo el monitoreo sanitario se realiza a través de un sistema informático y telefonía celular.
Reservada durante siglos a la ciencia ficción, la idea de una medicina sin la presencia directa de un médico es hoy una realidad. Y aunque quizás pasen años antes de que los pacientes se acostumbren a que el contacto personal con el doctor ya no es el único camino hacia la salud, las enormes ventajas que ofrece parecen acercarnos vertiginosamente a una nueva era en la atención sanitaria: la telemedicina.
De las mano de las nuevas tecnologías, hoy es posible que un neurocirujano participe en la operación de un paciente sin pisar el quirófano; que un neumonólogo en La Plata diagnostique y trate a un enfermo en la Puna; o que una obstetra supervise el desarrollo de un embarazo a través de su computadora portátil.
Si bien se trata por ahora de casos excepcionales, y en gran medida en fase experimental, los beneficios que ofrece en ciertas circunstancias una medicina a distancia son invalorables, tanto como salvar una vida.
Entre esa posibilidades están las de brindarle atención a pacientes de regiones sin cobertura sanitaria; contar con una respuesta más rápida en casos de urgencia, multiplicar fácilmente las opiniones especializadas al momento de un diagnóstico, evitar internaciones innecesarias, reducir los gastos de traslados, controlar la saturación de los centros de alta complejidad, ponerle freno a la propagación de enfermedades contagiosas...
Muchas de las posibilidades que ofrece la telemedicina ni siquiera pueden vislumbrarse aún, pero una sobre todas no ha sido pasada por alto en los principales sistemas de salud del mundo: el enorme ahorro en costos operativos que permite esta nueva alternativa sin comprometer, e incluso mejorando, la atención de los pacientes.
En Estados Unidos -donde existen ya unos dos mil centros de salud con programas de telemedicina-, el Hospital de Niños de Washington ahorró el año pasado 250 mil dólares sólo en consultas directas por eco-cardiología. Y un estudio de la Universidad de Arkansas muestra que el 41% de los pacientes incorporados al Proyecto de Telesalud de ese Estado no hubieran podido recibir de otro modo atención médica, debido a la escasez de médicos en sus comunidades rurales y el alto costo de los traslados.
En nuestro país, mientras tanto, la telemedicina se circunscribe por ahora a algunas experiencias académicas que empiezan a volcarse de a poco en la práctica real. Algunas de ellas, sin embargo, se encuentran a un paso de poder realizar un notable aporte a un sistema de salud que -por su extensión territorial y la concentración de recursos en centros urbanos- podría verse en enormemente beneficiado.
Llevar la salud al paciente
¿Cuán lejos está Argentina de sacarle provecho a la telemedicina? "Tan lejos como se quiera tardar", dice Fernando Balducci, el presidente de Fundatel, una fundación con sede en Paraná que desde hace diez años fomenta el uso de la telemedicina como herramienta de salud por medio de la difusión académica y la gestión de proyectos de investigación y desarrollo.
A falta de una decisión política a nivel nacional para impulsar el uso extendido de la telemedicina, su fundación se ha dedicado en los últimos años a resolver otro de los obstáculos de base: la indisponibilidad de equipos médicos a costos accesibles para realizar medicina a distancia en nuestro país.
"No hay en el mercado equipamiento de calidad y bajo costo para proveer en forma masiva a los centros de salud geográficamente aislados. Los equipos más económicos para cardiología, por ejemplo, se fabrican en Brasil y no bajan de 3 mil dólares. Nosotros estamos intentando proveerlos por menos de 700 dólares y la idea es bajar aún más los costos", cuenta Balducci.
En los últimos años, Fundatel logró desarrollar un telemicroscopio, un teleestetoscopio digital, un telecardiógrafo y un monitor de sufrimiento fetal en tiempo real; todos equipos utilizados con éxito en un programa de telemedicina con 170 puestos sanitarios en la región del Amazonas. "Ahora aspiramos a crear con ellos la primera red piloto en Argentina", dice Balducci, cuya fundación trabaja junto a las de médicos e ingenieros Sin Fronteras y la Universidad Politécnica de Madrid.
¿Pero para qué sirven exactamente todos esos aparatos? Sirvan para "llevar la salud al paciente; en vez del paciente a la salud. Con este tipo de equipamiento no hace falta que haya un cardiólogo altamente especializado, ni un neumonólogo, ni un obstetra en cada puesto sanitario. Basta con que haya un médico capaz de operarlo", explican desde Fundatel.
Transmitidas vía internet, las auscultaciones, electrocardiogramas, radiografías, análisis o signos vitales de un paciente en el lugar más aislado del país pueden llegar a especialistas en centros de referencia y obtener así un diagnóstico especializado.
Interconsultas y monitoreo
Las aplicaciones de la telemedicina son, sin embargo, muy variadas. Así como permite obtener diagnósticos a distancia, también facilita la teleasistencia operativa (que un médico supervise un tratamiento sin ver al paciente en persona) o la interconsulta entre varios especialistas.
En este último caso, la Universidad Nacional de Córdoba viene desarrollando desde 1997 una interesante experiencia. Médicos de hospitales y nodos distantes entre sí se encuentran conectados mediante una red interconsultas que permite transferir por internet imágenes radiológicas, electrocardiogramas y otra información médica en tiempo real.
Gracias a este programa, su sistema sanitario logró disminuir notablemente la derivación de pacientes desde localidades rurales a centro urbanos de alta complejidad, reduciendo los gastos de traslados por consultas e internaciones.
En la Universidad Nacional del Centro, en Olavarría, los esfuerzos se encuentran dirigidos en cambio a otra de las posibilidades de la telemedicina: la aplicación de la telefonía móvil para el control domiciliario de personas con enfermedades crónicas.
"Generamos una plataforma telemédica para que el paciente pueda ser monitoreado en su casa. Ya desarrollamos módulos para personas con diabetes, hipertensión, obesidad y embarazadas", explica el bioingeniero Pablo Escobar, especialista en telemedicina y coordinador del equipo de investigadores.
"Cada paciente realiza sus propias mediciones: en el caso de diabetes, las de glucosa; en el caso de una embarazada, la altura uterina y la presión arterial. Esa lecturas son enviadas por mensaje de texto a un sistema experto que la procesa y determina que los valores estén dentro del rango de normalidad. Cuando no lo están, envía un alerta tanto al paciente como al médico", explica Escobar, cuyo proyecto fue reconocido días atrás en Luxemburgo durante el Primer Congreso Mundial de Telemedicina.
A la par de este tipo de iniciativas, es probable que un futuro cercano la presencia física del médico junto al paciente se torne cada vez menos habitual. Pero ni los más fanáticos impulsores de la telemedicina aspiran a que ésta pueda ser alguna vez reemplazada. Cualquiera que haya estado enfermo sabe que la presencia tranquilizadora del doctor ejerce de por sí su propio efecto curativo.
Fuente: Quilmes Presente
13.07.09