Más allá de la crisis
La crisis que vive el mundo no sólo tiene consecuencias sobre la economía global, pues repercutirá también en la sociedad y hasta en la salud humana.
La depresión comenzó por el bajo costo del dinero que generó una expansión del crédito y el consumo en la economía estadounidense a partir de la especulación financiera.
Por Rolando de la Ribera*
Arrancó por el sector inmobiliario cuando la banca comenzó a captar clientes sin suficiente solvencia o "subprime" (debajo de las mejores) involucrando a grupos financieros externos.
Esos bonos fueron impactados por alzas en las tasas de interés que cobra la Reserva Federal estadounidense y generaron atrasos en pagos de hipotecas y desgaste del sistema financiero.
La conmoción hipotecaria generó quiebras y nacionalizaciones de entidades financieras e intervenciones de bancos centrales, descensos de las cotizaciones, elevadas deudas, falta de crédito y deterioro económico.
La crisis mostró el agotamiento del modelo neoliberal de mercado, basado en el capital financiero especulativo, carente de control por parte de un Estado cada vez más débil.
El dólar estadounidense sufrió un proceso constante de depreciación, el déficit comercial aumentó, entraron en dificultad empresas y bancos, se redujeron algunas producciones y comenzó a crecer el desempleo.
Multimillonarias acciones gubernamentales para rescatar bancos y empresas y estabilizar el mercado fueron acompañadas de medidas proteccionistas que afectaron el comercio.
Esta crisis, que estalló en los principales países desarrollados, contamina ahora a los emergentes, causándoles mayor desempleo, pobreza y desigualdad social.
Las remesas, que muchos países pobres recibían de quienes emigraron a Estados Unidos y Europa en busca de oportunidades, cayeron por pérdida de empleos de trabajadores con baja calificación.
El empeoramiento de la situación de esos inmigrantes no interesa a Estados Unidos, donde 12 millones 500 mil nacionales estaban desempleados en marzo último.
El fenómeno se repitió en países de la Unión Europea que están entre los receptores de mano de obra inmigrante. En España se reportaron tres millones 605 mil 402 parados en marzo.
En Latinoamérica, el único país que ha podido crear empleos en este período ha sido Brasil por una fuerte actuación del Gobierno en el mercado interno e inversiones para enfrentar la crisis.
Grandes naciones emergentes como Brasil, Rusia, India, Suráfrica, México y Argentina han sufrido con la desaparición del crédito en el mercado internacional.
Ello ha disminuido el flujo para financiar exportaciones, y los países compran sólo lo necesario y desechan lo superfluo, lo cual crea problemas productivos.
En la primera mitad del año fiscal 2009 Estados Unidos presentó ya un déficit presupuestario de 956 mil 800 millones de dólares, según confirmó el Departamento del Tesoro.
Entre las causas del fenómeno estuvieron los casi 360 mil millones dedicados a ayudar a bancos e inyectar capital a financieras y a ello se sumó la caída en la recaudación.
Los presupuestos de Gobiernos de países del Tercer Mundo comenzaron a sufrir reajustes que contrajeron sobre todo gastos sociales, y especialmente los de educación y salud.
La crisis arrastrará a millones a una pobreza más profunda y matará a miles de niños, alertó la Organización de Naciones Unidas para Educación, Ciencia y Cultura (UNESCO).
La entidad llamó a aumentar las donaciones y hacer más para proteger a las personas más pobres, especialmente mujeres, niños y niñas.
Las recesiones económicas ponen una carga mayor sobre esos sectores más vulnerables, comentó el subsecretario de la ONU para Asuntos Económicos y Sociales, Sha Zukang.
Su preocupación se debe a que una tercera parte de la Humanidad ya está en la pobreza e indigencia, y una cuarta parte no tiene vivienda adecuada ni acceso a servicios de salud.
En las naciones pobres, 842 millones de adultos son analfabetos, 800 millones duermen cada noche con hambre y 158 millones de niños sufren desnutrición, según datos de la ONU.
La organización calcula que las personas en países en vías de desarrollo gastan entre un 50-70 por ciento de sus recursos en comida y esta se encarecerá aún más con la crisis.
Ello se debe a que el precio de la energía aumenta, se incrementa el valor de los fertilizantes, suben los costos de producción y se reducen las importaciones.
Margaret Chan, directora de la Organización Mundial de la Salud (OMS), recordó que la crisis ocurre en medio de los compromisos del milenio para mejorar la situación global.
Añadió que una reducción de los gastos sociales podrá ser ahora tan devastadora para la salud, el desarrollo, la seguridad y la prosperidad como ocurrió en el pasado.
Convocó a proteger a los pobres, promover la recuperación económica y la estabilidad social y exhortó a generar eficiencia en el uso de los recursos disponibles.
Medios internacionales recuerdan que la situación económica y financiera prevaleciente obliga a las familias a jerarquizar sus prioridades económicas.
Entre los pilares de esos gastos familiares están alimentación, educación y salud, y en esta última las enfermedades crónico-degenerativas, padecimientos que duran por décadas.
Los ejemplos clásicos son diabetes, colesterol, hipertensión arterial, osteoporosis, cáncer y SIDA; y todas implican tratamientos, hospitalización, exámenes y rayos x.
Ello obliga a incurrir en elevados gastos al Estado en el caso de la medicina pública y al paciente cuando la medicina es privada y ambas sufren los efectos de la crisis.
Para la OMS, será más desesperada la situación de unos 33 millones de enfermos de SIDA, pues sólo cinco millones reciben el caro tratamiento de un mal que ya mató a 25 millones desde 1981.
A todo esto se agrega que vivir en tiempo de incertidumbre económica puede tener un efecto perjudicial en la salud, pues incide en enfermedades nerviosas y cardiovasculares.
La crisis afecta la estabilidad de comunidades y familias, por deudas, desesperación y pérdidas, opinó Benedetto Saraceno, director de salud mental y abuso de sustancias de la OMS.
La fuente recordó que más del 75 por ciento de quienes padecen desorden mental no son tratados y muchos países destinan a ello menos del dos por ciento del presupuesto de salud.
Varias universidades estadounidenses, alemanas y suecas confirman que el estrés emocional generado por crisis impacta años después en la mortalidad cardiovascular.
Uno de esos estudios de epidemiología social (del Instituto Karolina, de Suecia) va más allá y asocia la crisis al incremento de insomnio, ansiedad, hipertensión, violencia y suicidio.
Lo único positivo mostrado por otro estudio (realizado en Cambridge) es que un aumento de la tasa de desempleo reduce el tabaquismo, la obesidad y la inactividad física.
*Periodista de la Redacción de Servicios Especiales de Prensa Latina.
Fuente: Prensa Latina