Un nuevo desafío: ¿cambian nuestros hábitos alimentarios?

La respuesta es ciertamente sí. Se han operado en los últimos años grandes transformaciones en la forma de comer, y basta para ello recorrer la variada oferta gastronómica de los restaurantes.  No es sólo cuestión de moda, sino principalmente de salud.

Por Susana Zurschmitten* - Es así que nos encontramos con restaurantes autóctonos, vegetarianos y orgánicos, donde se utilizan hortalizas sin agroquímicos y donde se cocina sin conservantes; bares de jugos naturales y locales hindúes donde las especias se utilizan casi mágicamente, y con fines terapéuticos. Además de contar con cada vez más ofertas en los restaurantes cotidianos, donde es casi infaltable el menú liviano o light.

Nuestros gustos se están abriendo a los paladares del mundo y el interés se despierta a partir de los descubrimientos científicos acerca del modo en que la alimentación influye en nuestra salud. Los alimentos, fundamentalmente los que la naturaleza ofrece, contienen principios activos que juegan un rol terapéutico esencial para nuestro organismo. Muchas personas se vuelcan a buscar en su mesa la solución a los problemas crónicos que los aquejan; conocedores de los efectos secundarios de los medicamentos, optan por un camino que no ofrece riesgos. Cada uno de los alimentos que consumimos se transforma en el elemento nutricio de nuestras células y, más todavía, determinan la calidad de ellas. Por lo tanto, cada comida que elegimos perjudica o favorece la salud, no sólo de nuestro cuerpo, sino también de nuestro sistema nervioso y, en consecuencia, de nuestros estados emocionales. Esta conciencia de que nuestro cuerpo y nuestra salud son responsabilidades individuales e intransferibles es lo que está cambiando a pasos agigantados en el mundo, y me encanta poder decirlo. El conocimiento de que nuestra alimentación no es sólo (ni más ni menos) la herramienta indispensable para lograr el desarrollo pleno de una persona, sino también una práctica con cualidades terapéuticas. Por lo tanto, podemos utilizar nuestra dieta como modo de vida para sentirnos mejor.

Vayamos a los ejemplos:

Todas las verduras y frutas crudas contienen, además de vitaminas, minerales y principios activos específicos útiles para el cuerpo, como las enzimas. Estas son esenciales para garantizar una buena digestión. Consumir jugos naturales, frutas o una ensalada cruda, adecuando la elección al estado de nuestro cuerpo, nos ayuda a prevenir y a mejorar problemas digestivos.

Los tomates contienen licopenos, que reducen el riesgo de padecer cáncer de próstata, mama, cuello de útero, vejiga, estómago y pulmón. Este efecto se acrecienta en el tomate cocido. Y ya sabemos que el tomate crudo nos aporta enzimas, vitamina C –que nos protege de los resfríos y las gripes– y betacarotenos, o vitamina A vegetal, un excelente antioxidante para el sistema inmunológico y el bienestar de la piel y las mucosas.

El arándano es excelente para la flora urogenital e ideal para evitar las infecciones urinarias, especialmente aquellas que se repiten con frecuencia.

Los champiñones detienen la pérdida de masa ósea. En efecto, estimulan a los osteoblastos (encargados de la síntesis del hueso) e inhiben a los osteoclastos, las células que destruyen el hueso.

Las verduras de color naranja y amarillo son muy ricas en carotenos, reducen el riesgo de cáncer de pulmón, así como protegen de las enfermedades cardiovasculares.

Las aliáceas (ajo, cebolla) y el enebro, entre otras especias, son antibióticos naturales, antiparasitarias, y ayudan a eliminar bacterias y virus patógenos que puede haber en el intestino. El ajo y la cebolla disminuyen las grasas en la sangre y reducen el riesgo de trombosis.

La palta, por su alto contenido de ácidos grasos monoinsaturados, baja el LDL (colesterol malo) y aumenta el HDL (colesterol bueno).

Estos son sólo algunos ejemplos de cómo en nuestra mesa diaria podemos encontrar nutrientes y hasta nuestros propios remedios naturales. Basta comenzar con algunos cambios, y notaremos que nuestro cuerpo se adapta fácilmente a ellos, mejorando nuestra calidad de vida.

En inviernos como los nuestros, podemos ayudarnos, mejorando nuestras defensas, que son la mayor protección contra los virus y las bacterias. Estas son algunas medidas que pueden adaptarse fácilmente:

-Consumir cítricos, en jugo o en fruta.

-Comer una ensalada cruda diaria. En caso de irritación gastrointestinal, podemos elegir zanahoria rallada fina, el tomate pelado, la palta, hasta mejorar y tolerar algunas verduras más. Las sopas de vegetales constituyen otro aporte fundamental.

-Cambiar el pan blanco, que no contiene minerales ni vitaminas B, por el pan integral.

-Evitar tomar gaseosas, especialmente las muy coloreadas, o los jugos sintéticos, que suelen perturbar a las defensas de nuestro organismo.

-Disminuir el consumo de los alimentos industrializados, con muchos conservantes.

-Incluir en nuestra dieta frutas secas, como nueces o almendras, o las muy populares semillas de girasol crudas, para aprovechar sus aceites insaturados. Estos aceites mejorarán la salud de nuestra piel, articulaciones, y elevarán nuestras defensas. Las semillas de sésamo son muy útiles, sobre todo las crudas y molidas, para que puedan ser absorbidas por el sistema digestivo.

-Los cereales integrales son una fuente importante de minerales que participan en el sistema inmunológico. Incluir en nuestra dieta arroz integral, trigo burgol, avena, o sus subproductos, es otra medida muy útil, especialmente si remplazan a las harinas blancas.

-El pescado constituye el gran aliado de nuestras defensas. Además de disminuir el colesterol, los triglicéridos, y mejorar la vista, la función intelectual y las articulaciones, forma una parte indispensable del sistema inmunológico por su contenido en omega 3.

Estos conocimientos, al alcance de todos, ofrecen herramientas para hacernos partícipes de nuestra salud. La ciencia se une cada vez más a la sabiduría ancestral. Y nos lleva a tomar conciencia de que aquello que elegimos comer puede ser un camino valioso para lograr una mayor conexión con nosotros mismos, para recuperar la conexión con la naturaleza, y toda su sabiduría.

* Susana Zurschmitten es Licenciada en Nutrición.
Fuente: Tiempo Argentino
25.08.10

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