Ideas sobre la violencia laboral y Burnout
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El trabajo tiene efectos indeseables sobre la salud. En la Argentina, a por lo menos 686.000 empleados de empresas privadas, el trabajo les causó algún problema de salud. Leonardo Strejilevich analiza este punto.
En la Argentina (2009), a por lo menos 686.000 empleados de empresas privadas del país el trabajo les causó algún problema de salud. No se trata mayoritariamente de accidentes, sino de secuelas por deficiencias en el ambiente laboral, como la presión cada vez mayor para cumplir con las tareas habituales, las posturas forzadas o los movimientos repetitivos, entre otros. El trabajo tiene efectos indeseables sobre la salud, como desórdenes musculoesqueléticos (dolores y lesiones articulares), alergias, trastornos cardiovasculares (hipertensión arterial), agotamiento, estrés excesivo que genera agotamiento y hasta depresión psíquica como se infiere del estudio de una muestra representativa de los 3.432.653 empleados registrados en empresas privadas del país.
El ruido permanente o intermitente, las vibraciones, distintas fuentes de radiación y las sustancias químicas fueron las principales condiciones adversas en el lugar de trabajo a lo que se suma cada vez mayor esfuerzo psíquico/mental y físico necesario para realizar las tareas habituales, especialmente las presiones y las agresiones de parte de jefes o compañeros de trabajo, y hasta las amenazas de despido, y el acoso sexual o moral que sufrió casi el 30% de los trabajadores, en especial las mujeres.
Los accidentes aumentan cuanto mayor es la carga mental de las tareas. Principalmente la carga psíquica (26%) debido a una exigencia de atención cada vez mayor y la demanda de realizar varias tareas simultáneas, más complejas y repetitivas, sobre todo en una postura estática (el 44% trabaja sentado). Las muertes por trastornos mentales y por enfermedades del sistema nervioso han aumentado en detrimento de las muertes ocasionadas por accidentes; el suicidio se haya colocado en lo más alto del listado.
El trabajo esclavo, sigue siendo un fenómeno actual que es imprescindible erradicar, se sucede permanentemente, y la necesidad de combatirlo requiere el compromiso y la concientización de todas las instancias estatales y sociales. La Asamblea de 1813 se pronunció contra la tortura y el tráfico de personas y en favor de la libertad de los hijos de las esclavas. La Constitución de 1853 sostuvo esas premisas y la reforma de 1994 consolidó con fuerza el compromiso con los derechos humanos.
Sin embargo, aún persisten prácticas condenables que someten a personas a situaciones de cuasi esclavitud. La reducción a servidumbre y el tráfico de personas, especialmente de mujeres menores de edad, son prácticas de explotación que irrumpen doscientos años después de Mayo. Se calcula que en la región metropolitana (2010) continúan funcionando clandestinamente unos cuatro mil talleres ilegales. No se puede admitir el argumento de quienes tercerizan gran parte de su producción y se desentienden de la calidad del proceso productivo por comprar las prendas terminadas, ya que el derecho del trabajo establece que son solidariamente responsables. Además de valores comunes, los derechos humanos son normas. Y si existen derechos positivos que prohíben determinadas situaciones, la opinión subjetiva y las comparaciones deben correrse a un costado. La reducción a servidumbre de trabajadores textiles, entre otros, es un grave delito. El derecho es una alquimia entre normas, hechos y valores. Nada ni nadie pueden estar por encima de la ley. La existencia de esta alquimia es sólo el comienzo para dar por tierra con una realidad que padecen hoy hombres, mujeres y niños. Por ello, es necesario que, ante hechos de tamaña gravedad, la ciudadanía se concentre y comprometa para luchar contra el trabajo esclavo.
SINDROME DE BURNOUT
El síndrome de burnout o de estar o sentirse quemado, agotado, sobrecargado, exhausto fue definido por primera vez en 1974 por el psiquiatra Herbert J. Freudenberger que trabajaba en una clínica para toxicómanos en Nueva York. Observó que, aproximadamente al año, la mayoría de los voluntarios sufría una progresiva pérdida de energía hasta llegar al agotamiento, ansiedad, depresión así como desmotivación para el trabajo.
El “mobbing”, (inglés = ataque, atropello) fue acuñado en los ´80 por el psiquiatra alemán Heinz Leymann Wolfenbüttel, 1932) para referirse al comportamiento hostil de jerárquicos sobre empleados; equivale en español a “acoso laboral”, sin registro en el DAE y también “acoso moral o psicológico”. Se entiende como una práctica ejercida en las relaciones personales, especialmente en el ámbito laboral, consistente en un trato vejatorio y descalificador hacia una persona, con el fin de desestabilizarla psíquicamente.
Síndrome de burnout es un conjunto de síntomas médico-biológicos y psicosociales inespecíficos que se desarrollan en la actividad laboral como resultado de una demanda excesiva de energía para los profesionales y trabajadores cuya actividad va dirigida hacia otras personas. A partir de 1976, las psicólogas C. Maslach y S. Jackson, establecen en sus publicaciones los rasgos definitorios:
Agotamiento emocional: disminución y pérdida progresiva de energía, desgaste, agotamiento, fatiga, dolor.
Despersonalización: actitudes que surgen para protegerse del agotamiento emocional tales como distanciamiento de los compañeros de trabajo y de las personas en general que originan una deshumanización de las relaciones, llegando a culpar a las propias personas de los problemas que acontecen en los profesionales y trabajadores.
Disminución del rendimiento o baja productividad: se siente que las demandas laborales exceden la capacidad originando una tendencia a la autoevaluación negativa y a estar insatisfecho con los logros.
Estos tres aspectos están ligados entre sí a través de una relación asimétrica en la que el primero conduce a los otros dos.
El síndrome es una variable continua desde un nivel bajo hasta altos grados de sentimientos experimentados. La progresión no es lineal; se trata de un proceso cíclico que puede repetirse varias veces en el tiempo, en diferentes épocas de la vida y en diversas actividades laborales. Aparece en forma larvada, paulatina con aumento progresivo de la severidad.
Se puede medir con el cuestionario de Maslach de forma autoaplicada, se completa en 10-15 minutos y mide los 3 aspectos. Se consideran puntuaciones bajas a las menores a 34. Tiene una fiabilidad cercana al 0,9. Son 22 items en forma de afirmaciones.
Síntomas físicos: hipertensión arterial, enfermedad coronaria, fatiga crónica, cefaleas, migrañas, dolor abdominal, colon irritable, úlcera duodenal, mialgias, asma, insomnio, pérdida de peso, urticaria, alteraciones menstruales, disfunciones sexuales.
Síntomas emocionales: ansiedad generalizada y focalizada en el trabajo, irritabilidad, depresión, frustración, aburrimiento, distanciamiento afectivo, impaciencia, desorientación, disforia, baja autoestima, falta de motivación, dificultades de concentración.
Síntomas conductuales: ausentismo laboral, abuso de drogas, relaciones personales distantes y frías, comportamientos de alto riesgo tales como conducción vehicular temeraria, ludopatía, tono de voz elevado, llanto inespecífico, disminución de contacto con público, largos períodos de baja laboral, incremento de los conflictos con compañeros, disminución de la calidad del servicio prestado.
Algunas características de la personalidad como sensibilidad emocional alta, necesidad de otros, dedicación al trabajo, idealismo, personalidad ansiosa, elevada autoexigencia facilitan el desarrollo del síndrome.
Este síndrome se observa en: profesionales de la educación, servicios a los ciudadanos, profesionales de la sanidad –especialmente enfermeras- en cuidados intensivos, cuidados paliativos, geriátricos, unidades oncológicas; es más frecuente en personas que viven solas y en solteros; son más vulnerables las mujeres y entre los recursos humanos dedicados al trabajo social.
El síndrome de burnout es considerado y reconocido como accidente laboral. La prevención va encaminada a tres niveles: individual, grupal y organizacional. Eliminar las fuentes de estrés o tratar sus efectos; entrenamiento en la solución de problemas; estrategias de asertividad; manejo eficaz del tiempo y desconexión del trabajo fuera de la jornada laboral; técnicas de relajación; pequeños descansos durante la jornada laboral; marcar objetivos reales y factibles de conseguir; fomentar las relaciones interpersonales y fortalecer los vínculos sociales en el grupo de trabajo; formación e información; potenciar la comunicación vertical; rediseño del puesto de trabajo, establecer un sistema de roles; instaurar un sistema de recompensa justo; delimitar los estilos de dirección y liderazgo; formación de mandos intermedios y directivos.
Leonardo Strejilevich
28.06.10
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