Una muy sana lección para la Argentina


Tras una feroz batalla política, Obama triunfó allí donde Roosevelt y Clinton no pudieron: se incorporan 32 millones de personas al sistema de salud. - Por Mario Rovere *

El sistema de salud de EE.UU. es uno de los más complejos y costosos del mundo. El predominio del mercado es muy relevante y aun siendo un sistema mixto en el sector privado circula una porción significativa del gasto en salud. El capital financiero ingresó al sector en los años 60 por una combinación altamente rentable e inflacionaria, y se creó un sistema extendido de subsidio a la demanda en un país con un sector privado voraz. Medio siglo después hay una insatisfacción generalizada, con el gasto en salud per cápita más alto del mundo, una presión inflacionaria superior al promedio del país, una captura creciente del PBI (que llega al 16,5% cuando en países con sistemas satisfactorios no supera el 9%), un complejo médico industrial con enorme capacidad de lobby, y decenas de millones de personas sin cobertura.

Tras una feroz batalla política, Obama triunfa allí donde Roosevelt y Clinton no pudieron, se incorporan 32 millones de personas y quienes hoy tienen cobertura verán un Estado con mayor capacidad regulatoria sobre primas, preexistencias y otros abusos frecuentes e inaceptables. A pesar de la férrea oposición no es seguro que con esta ley los seguros pierdan. Pueden resarcirse incorporando 32 millones de afiliados y como son formadores de precios, tal como viene ocurriendo desde los 70, pueden dar un nuevo impulso inflacionario al gasto en salud. Para construir el consenso necesario quedaron aspiraciones en el camino: no habrá “opción pública”, no habrá cobertura para abortos y quedan afuera 22 millones de pobres, indigentes e indocumentados, latinos ante todo.

En Argentina varios sectores estarán sacando lecciones. Hace demasiado tiempo que el sistema de salud no se revisa y aunque se carece de estudios nadie duda de que hay excluidos absolutos en el acceso a los servicios de salud. Somos uno de los pocos países con seguros privados sin regulación, la seguridad social ha operado por décadas más como un mecanismo de negociación entre el gobierno y los gremios que como un subsector de salud.

El sector público no ha crecido ni en función del crecimiento demográfico ni menos aún compensando la pérdida de cobertura de la seguridad social. Aquí, como allá, los intereses cruzados entre el complejo médico industrial y la política son muy fuertes, pero resultará ahora un poco más difícil no abrir el debate en el país. Sin quererlo, tal vez los argentinos también seamos beneficiarios.

* Mario Rovere es Director de la Maestría de Salud Pública, Universidad Nacional de Rosario

Fuente: Critica digital
29.03.10

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