Economía y salud
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El mundo nunca fue tan rico y tan sano como en este momento. Pero como una enfermedad infecciosa que se extiende lentamente, se han desarrollado síntomas que complican este presente. Las diferencias entre el dinero y el estado de salud, entre los ricos y los pobres, nunca fueron tan grandes. - Por Dr Ginés González García*
En ningún momento de su historia la humanidad tuvo tanta cantidad y calidad de vida. Buena noticia para los tiempos presentes. Jamás tuvo la economía un tamaño mayor, basado en la enorme capacidad de nuestra especie para incrementar la producción de bienes y servicios. Sin embargo, nunca como ahora el mundo fue tan injusto, inequitativo y desigual. Las diferencias entre la salud y la economía -de ricos y de pobres- asumen desigualdades escandalosas que complican fuertemente a las democracias mundializadas y no sólo erosionan su legitimidad, sino que incrementan las insatisfacciones, los descontentos, las exclusiones y dificultan la cohesión social necesaria para la gobernabilidad.
La economía y la salud están fuertemente asociadas. Que los avances de la economía contribuyen a mejorar la salud universal, particularmente a partir de la segunda mitad del siglo XIX, es algo evidente. Que las mejoras de la salud han sido y son parte esencial del crecimiento económico contemporáneo es evidencia más reciente. La salud es un sistema de valores, no de precios. Pero, además, es un sistema de ética social, de moral pública y de valoración de la libertad y la igualdad de sus ciudadanos. ¿Qué política activa puede ser más esencial en el derecho humano que la defensa de la calidad y cantidad de vida? La salud es un factor de crecimiento económico y, por supuesto, es un factor central del desarrollo humano, que justifica por sí sola la intervención pública.
La salud es importante para la economía porque: (1) Un pueblo sano trabaja más y es más productivo; (2) las personas que no se enferman gastan menos; (3) si la riqueza de las naciones se basa en su capital humano, preserva y amplía el rendimiento del mismo; (4) si el conocimiento es la riqueza de las naciones, sin salud no hay capacidad para aprender y aplicar conocimiento.
La salud hoy es la mayor actividad económica del mundo. Casi un 10% del PBI mundial es derivado a la salud. Es, además de su valoración altísima en cualquier sociedad contemporánea, una de las pocas actividades que se vuelven trabajo intensivo y permanente. Se necesitan más personas capacitadas y entrenadas para atender al resto. Por eso, es uno de los pocos sectores económicos modernos que generan trabajo y empleo masivo.
Los modelos de salud pública que obtienen los mejores resultados son aquellos en los que el Estado asume un papel protagónico. Un Estado presente debe distribuir bienes y servicios de salud como el mejor y más rápido redistribuidor social, y fundamentalmente el más justo. Cuando las economías modernas intervienen produciendo, financiando o regulando su funcionamiento en los servicios de salud, no sólo están asegurando servicios esenciales para todos; están distribuyendo rápidamente igualdad de oportunidades y de posibilidades a nuestras sociedades injustas e inequitativas. De esta manera, no solo les cuidan la salud y el bolsillo a los más pobres, además les preservan su único capital en la vida: su capacidad de trabajar.
No es una batalla entre la medicina y la economía o entre el Estado y el mercado. Es un desafío para desarrollar economías más saludables, con más ganadores y menos perdedores y de esta manera producir salud colectivamente y distribuir atención médica con acceso universal, mejorando la gestión y la utilización de los recursos, siempre escasos. La economía de la salud ayuda a definir y a ejecutar mejor las prioridades. Uno de los problemas que suele tener cualquier disciplina, cuando adquiere una identidad fuerte, como es el caso de la economía o de la medicina, es que genera un circuito cerrado y hermético con respecto a cualquier conocimiento o pluralismo que venga desde otro lugar. En ese aspecto, hemos avanzado muchísimo y estamos consiguiendo consolidar una disciplina novedosa, como la economía de la salud.
Por todo lo expuesto, estamos llevando a cabo el IV Congreso de Economía de la Salud de América Latina y el Caribe, organizado por la Asociación de Economía de la Salud de América Latina y el Caribe junto con la de Chile, que contó con la conferencia inicial de la Presidenta Michelle Bachelet, y reúne a los ministros de Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Chile, superintendentes, autoridades, y a más de quinientos profesionales y representantes del continente.
Con el lema: "El Aporte de la Economía de la Salud al Acceso Equitativo a la Salud en un Contexto de Crisis" y exaltando las herramientas con las que conjuntamente podemos trabajar para enfrentar los efectos de la crisis mundial, pretendemos que este encuentro contribuya a profundizar políticas de salud y equidad para todos y todas. Cualquier exclusión es mala, pero no sentirse incluido por no ser parte del sistema de salud es la peor de las exclusiones.Hoy, gobernar es incluir.
* Ginés González García es ex Ministro de Salud de la Nación, Presidente de la AES Latinoamérica y embajador argentino en Chile.
Fuente: El Mercurio- Chile
26.01.10
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