¿Quién “banca” las decisiones de los Jueces?


Muchas decisiones médicas se han vuelto decisiones judiciales en el último tiempo, así también, los pacientes pueden determinar libremente su destino y el de su cuerpo. Pero ¿hasta dónde es correcto, justo y sustentable que el sistema de salud deba financiar estas decisiones?

No hace mucho,  en Mar del Plata, un paciente decidió no permitir  que se le amputara su pierna con gangrena. Obtuvo autorización judicial para ello y falleció tres días después. También  se conoció en La Plata otro caso de un paciente que  -con aval judicial  -  no autorizó que se le extirpara un ojo  irremediablemente dañado en una riña,  a  riesgo de su propia vida.

La línea argumental básica parece ser: “el paciente ha dejado de ser objeto de un tratamiento, y ha pasado a ser sujeto de las determinaciones que atañen a su vida y a su muerte”.

No creo que muchos médicos discutan el derecho de los pacientes de hacer lo que deseen con su  propio cuerpo. En el estado actual de nuestra legislación,  el intento de suicidio no parece poder ser punible ( ni siquiera el intento exitoso). ¿Cómo podrían entonces argumentar en contra de este derecho,  cuali-cuantitativamente  mucho menor?.

En todo caso, algunos  médicos discuten este derecho desde una visión teológica ("tu cuerpo no te pertenece, es una creación de Dios"), o desde la ética médica ("¿es razonablemente ético no utilizar tratamientos probadamente útiles en un paciente recuperable?").

Seamos claros: en principio, los médicos puestos frente a un caso como estos, llaman a un juez,  no para imponer el tratamiento de elección, sino para evitarse  un juicio por mala praxis,  iniciado por los mismos dolientes deudos que antes clamaban por el derecho del enfermo a decidir sobre lo que se hará sobre su propio cuerpo  y luego estarán exasperados porque sus decisiones resultaron  poco exitosas. 

También seamos justos: a los médicos no nos gusta que los pacientes evolucionen mal y si sabemos que existe un tratamiento que dará más posibilidades al enfermo, nos parece irracional, penoso y un fracaso profesional, el no aplicarlo, porque por  lo general existe más de un tratamiento para una misma enfermedad.  La ciencia va evolucionando en la búsqueda de los tratamientos con mejor costo-beneficio.  Es decir: existe una permanente búsqueda de tratamientos que permitan  obtener los mejores resultados al menor costo. O a iguales costos,  más y mejores resultados.

Cuando un  juez desautoriza un tratamiento de  primera  elección, y obliga a los médicos a aplicar un tratamiento que no es el mejor en esa situación y en ese momento, además de hacer respetar la decisión del enfermo de disponer sobre su cuerpo, su vida y su muerte, está provocando un gasto adicional al sistema de salud (del  cual, agravando las cosas, no se espera un buen resultado). 

El enfermo deberá usar antibióticos por 12 días en lugar de siete, ocupará una cama hospitalaria o sanatorial, por doce días  en lugar de cuatro, y tendrá más complicaciones y menores  probabilidades de  sobrevivir.
La pregunta surge clara: ¿quién se hará cargo de este gasto poco productivo  provocado a los demás ciudadanos, o a los integrantes de una mutual u obra social, en nombre de la teoría de la  libre disponibilidad del propio cuerpo  y del paciente entendido como sujeto que decide?.

Usar dineros públicos en tratamientos de baja calidad y en la certeza de que   no se obtendrán  los mejores resultados, ¿no podría ser  una variante “sanitaria”  de la  “malversación de fondos”? ¿O es esto  una especie de intento de  suicidio,   avalado por jueces, asistido  por médicos y cubierto por  obra social?. 

Claro que el sistema hospitalario, las obras sociales y aún las medicinas  prepagas deben financiar los tratamientos que resultan de elección en cada caso y en cada  momento, los que tienen la  mejor relación entre su costo y sus  beneficios.  Este es un derecho humano fundamental: poder acceder al mejor tratamiento en cada situación de enfermedad.

Pero a los enfermos que  desean realizar otro tratamiento mas caro y menos efectivo, a los familiares y al juez que los apoyan en su derecho de hacer lo que deseen con su propio cuerpo, debería preguntárseles adicionalmente si tienen alguna brillante idea sobre cómo se podría obtener la plata  con la  que se va a financiar la diferencia entre el derecho humano a la mejor atención que a todos nos corresponde por nidar en el imperfecto planeta que habitamos, y esta especie de derecho humano inútil y caro desde lo sanitario,  de súper lujo y sólo viable  en un improbable paraíso post-capitalista (pero, eso sí, solventado por “otros”, con aportes socializados).

Post scriptum: a modo ilustrativo sobre las posibles consecuencias de quebrantar el recorrido  de los caminos  apropiados en la medicina se recuerda que Joseph Broz Tito no permitió que se le amputara su pierna con gangrena. La muerte (1980)  de este líder desató la guerra en los Balcanes, que aún hoy – 30 años después -  tiene sus costos.

Dr. Enrique De Michele
Director www.elmedicoauditor.com.ar

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