Los claroscuros de la salud pública en la Argentina
Los 33 hospitales públicos que funcionan en la Ciudad de Buenos Aires atienden todos los días a miles de personas que no tienen ni obra social ni medicina prepaga, en la mayoría de los casos, por no contar con un trabajo formal.
Desde el ministerio de salud porteño admiten que el sistema hospitalario "está sobre demandado". En la actualidad no se dan turnos anticipados ni telefónicos para ningún especialista. Este es un trastorno que la salud pública arrastra desde hace años y los intentos para solucionarlos no dieron resultados.
Durante el año 2008 nueve millones de pacientes sacaron turnos en consultorios externos y más de la mitad fueron no residentes en la ciudad de Buenos Aires. Las falencias del sistema hospitalario en la provincia de Buenos Aires agranda el problema en la Ciudad.
Consultado respecto a los pacientes que concurren desde el conurbano, un funcionario del ministerio de salud dijo que “para esa gente hoy no hay una salida, porque es una demanda que no podemos manejar. Y como viven en la provincia, vienen de madrugada o pasan la noche, se atienden por la mañana y luego regresan a sus casas".
La salud publica argentina y sobre todo la ofrecida en la Ciudad de Buenos Aires dejó de representar la excelencia científica, y recurren aella quienes no poseen otro tipo de cobertura.
La pobreza, la falta de una política nacional de salud, la fuerte desigualdad en la redistribución del ingreso, produjo una marcada inequidad en el acceso a la atención.
Los más vulnerables siguen atravesando dificultades para acceder a la salud.
Este grupo de la población excluido del sistema formal del empleo y la salud en muchos casos pertenece a inmigrantes bolivianos o paraguayos que llegaron al país en busca de un presente digno que les permita alimentar a sus hijos y tener un lugar donde vivir.
Más allá de la falencias, el sistema de salud con el que cuenta la Argentina es inclusivo con el inmigrante; en España, por ejemplo, el inmigrante no tiene posibilidad de acceder a ninguna atención médica. El sistema argentino, por el contrario, no reconoce diferencias económicas o gentilicias para brindar el derecho del acceso universal a la salud.
Aun hoy la Argentina, a pesar de muchos años de desidia en las políticas estatales, posee uno de los sistemas de salud pública más inclusivo y completos de América. Esta realidad no habla necesariamente de la excelencia del servicio argentino, pero si de la pretensión de una medicina de avanzada y justa, en contraposición a otros países de América donde la atención medica es un bien capital y no un derecho humano.
Años atrás, sus médicos y científicos lograron avances y prestigio, así como conquistas de premios y reconocimientos internacionales por la calidad y los descubrimientos realizados, gracias a sus esfuerzos y al dinero que aportaba el Estado. Pero hace unos años que el país ya no se encuentra en la vanguardia de la investigación médica, sino que en un lento pero continuo retroceso, salvo raras excepciones, donde algunos se destacan, pero por medios propios, o con un apoyo estatal magro.
Esta decadencia se ve reflejada en los pocos avances en la investigación y en el día a día, con cada paciente, con cada turno. En el interior del país existen zonas más desprotegidas donde estas problemáticas no tardan en hacerse visibles.
Buenos Aires sigue ofreciendo la mejor atención médica del país. Muchas veces, ante un caso de gravedad, se acercan pacientes desde distintos puntos del país para ser atendidos en la ciudad.
El sistema de salud pública argentino fue pensado con una visión humanitaria e inclusiva, sus problemáticas actuales son consecuencia de nefastos manejos políticos sufridos en los últimos años. Siendo un país centralizado en su capital y con una política de salud pública con pretensiones de una mayor justicia los esfuerzos para tener un sistema perfecto deben duplicarse, pero en ese camino está.
Juan Sebastián Carballo
Fuente: Upiu
16.11.09